eggnog


La receta de hoy es una receta con historia. Nació en el siglo XIV en Gran Bretaña como un brebaje de leche caliente con licores de varios tipos, e incluso cerveza. Antes de tomar, se añadían huevos, y se convertía en una bebida tonificante y energética. Además, los ingredientes con los que se elaboraba esta receta decían mucho sobre el status social de quienes podían permitirse el lujo de tomarlo. Los huevos y la leche escaseaban entre la población más humilde. Y el entorno en el que se tomaba, en círculos sociales, hacía que fuera una bebida asociada con reuniones familiares, entre ellas, la Navidad.

En el siglo XVIII, los colonos británicos se llevaron en la maleta su receta de eggnog, pero los impuestos que tenían que pagar por los productos que traían de tierras británicas eran tan altos, que adoptaron el ron como licor. Entre unas cosas y otras, este brebaje terminó siendo una adaptación de los ingredientes que estaban al alcance de los colonos, e incluso llegó a adoptar un nuevo nombre que derivó con el que hoy se conoce en Canadá, Estados Unidos y en el Reino Unido.

Eggnog es el nombre de esta bebida que con solo verla, por su color y su presentación, quise hacerla desde que la descubrí por la red. Y os puedo asegurar que no me defraudó en absoluto. Su sabor es muy, muy cercano a nuestra leche merengada, pero con el puntito del licor. Me es imposible describir con palabras lo mucho que me gusta su sabor. ¡Es que me encanta! Eso sí, si queréis que los niños sean partícipes y disfruten de ella, podéis hacer lo mismo que hice yo: reducir el licor previamente, al fuego, para que evapore su alcohol. O incluso puede que os pase lo mismo que a mi: que el toque alcoholizado no sea de vuestro agrado en determinadas elaboraciones.

Lo único por lo que realmente sí hay que tener especial cuidado es por los huevos, ya que van crudos. En este enlace podéis ver cómo pasteurizar huevos en casa, y llevarlo a cabo para quedaros más tranquilos.

Y hoy, 21 de diciembre, a puertas de iniciar las vacaciones de Navidad en los centros escolares, levanto mi vaso con Eggnog en señal de brindis con el deseo de que disfrutéis de unas Navidades acogedoras y en las que nadie se sienta solo. En la vida, se puede no tener nada, pero no tener a nadie con quien compartir mesa, cariño y palabras, es de lo más desolador que puede haber. 

¡Feliz Navidad 2015!

eggnog


Ingredientes (Para 8 personas)
  • 700 ml de leche
  • 240 ml de nata líquida
  • 3 palos de canela
  • 1 vaina de vainilla
  • 1 cdta de nuez moscada
  • 5 huevos, yemas y claras separadas
  • 130 gr de azúcar
  • 175 ml de ron moreno
Elaboración
  1. En un cazo ponemos la leche, la nata, los palos de canela, la vaina de vainilla y la nuez moscada. Llevamos a ebullición, apagamos el fuego inmediatamente después y dejamos enfriar tapado.
  2. Batimos las yemas con el azúcar hasta conseguir una mezcla esponjosa y blanquecina, y las mezclamos cuando la leche se haya atemperado. Añadimos el ron, y refrigeramos un par de horas.
  3. Justo antes de servir, montamos las claras a punto de nieve y a continuación las incorporamos en la mezcla de leche. 
  4. Servimos con una pizca de nuez moscada.

Fuente: Jamie Oliver
colcannon


A estas alturas de nuestra historia, nadie hace una mueca por desconocimiento cuando oye la palabra  'Halloween', esa festividad de raíces celtas que en sus orígenes celebraba la llegada de los espíritus de los seres queridos en la noche del 31 de octubre, All Hallows' eve, la noche de todos los santos. 

Es por ello que ante la llegada de esta fecha, lo que directamente más asociamos con ella son motivos relacionados con lo sobrenatural, con los espíritus, con el terror, lo macabro y la muerte. En lo culinario el tema ha ido cobrando cierta gracia, pues es inmenso el ingenio de muchos para elaborar recetas con tintes "halloweenianos" pero que distan mucho de infundir miedo y que rayan más bien en lo simpático, divertido y gracioso. Todos habréis visto por la red dedos de bruja que son galleta, ojos ensangrentados que son huevos de codorniz con ketchup, cerebros hechos de gelatina, e infinidad de ideas más. 

Hoy mi cocina os invita a disfrutar de una receta típica de Halloween: Colcannon. No tiene nada que ver con motivos misteriosos, terroríficos, fantasmagóricos o del estilo, pero sí era un plato para disfrutar en una festividad celta tan arraigada en un país como Irlanda, donde se encuentran sus raíces, y seguro que esto es una sorpresa para muchos.

He de deciros que alrededor de esta antigua tradición vuelan ciertos aires de superstición, ya que el colcannon esconde ciertos elementos con los que predecir el futuro.

La tradición cuenta que tiempo atrás, se vendaban los ojos a una mujer soltera para que escogiera un repollo de los sembrados en un huerto. Con este repollo se elaboraría colcannon, en el cual se escondería un anillo. La mujer que lo encontrara, sería la próxima en casarse. También cuenta la tradición que aquella mujer casadera con deseos de casarse, habría de guardar la primera y la última cucharada de colcannon en un calcetín y colgarlo en la puerta de entrada a la casa; el primer hombre soltero que la atravesara, sería quien se casara con la joven. Hay quien escondía una moneda, símbolo de riqueza, y de la que podría disfrutar quien se encontrara con una en su interior. Pero quienes encuentren un botón o un dedal de la joven en cuestión, pasaría solo el resto de sus días.



En Irlanda, uno de los símbolos de la fidelidad, y no solo el amor, sino también de la amistad, es el anillo conocido como claddagh. Dos manos sostienen un corazón. Si el anillo se lleva en la mano izquierda, con la punta del corazón hacia el interior, señala el corazón de quien lo lleva y manda señales de que ese corazón está ocupado. Sin embargo, si se lleva en el dedo derecho, y la punta del corazón señala hacia fuera, hemos de interpretarlo como que la persona que lo lleva busca quien ocupe su corazón. Y si no hay interés alguno por encontrar un corazón que le corresponda, el anillo se llevará en un dedo de la mano derecha con la punta hacia dentro.

¿Pero quién necesita tener un huerto con repollos para casarse? ¿O almacenar restos de comida en un calcetín para lograr el amor deseado? ¿O quién estaría dispuesto a sufrir un atragantamiento por ingerir un anillo, un botón o un dedal, por muy amada que sea la doncella? Hoy en día, para alivio de médicos especialistas en atragantamientos, esta tradición se está perdiendo ;)

Ya sé que para muchos el repollo no presenta ningún atractivo. El olor que desprende en su cocción no le hace ganar adeptos fácilmente. Pero creedme si os digo que en esta receta, el repollo gana tal cremosidad y suavidad por efecto de la leche y de la mantequilla, que sentirlo en la boca os resultará de lo más agradable y os olvidaréis del olor que os haya dejado como recuerdo en vuestras cocinas. Yo apostaría por decir que es la receta ideal para iniciarse en él. 

Esta receta admite variantes: hay quien añade bacon, aunque yo no lo he hecho; hay quien añade chalota, cebolleta o puerro, en crudo o sofrita, o directamente no añade ninguna de ellas, pero sin embargo creo que le aporta un rico sabor. En Irlanda, y en muchos otros países, se puede encontrar una verdura familia del repollo y que hoy en día está muy de moda en el mundo gastronómico: el kale, de color verde intenso y de hojas muy rizadas y largas, y de un sabor muy marcado. El kale necesita muy poco tiempo de cocción, entre tres y cinco minutos, lo cual acorta el tiempo de elaboración.  

Y ahora sí que sí. Os explico cómo elaborar un típico Colcannon irlandés:

Ingredientes (Para 4 personas)
  • 4 patatas de tamaño mediano
  • 500 gr de repollo limpio
  • 5-6 cdas de mantequilla sin sal
  • Medio puerro
  • 250 ml de leche o de nata para cocinar
  • Sal
  • Pimienta
  • Nuez moscada
  • Cebollino para decorar (opcional)
Elaboración
  1. Pelamos las patatas, las ponemos en una cazuela con agua con sal que las cubra. Llevamos a ebullición y las cocemos entre 15 y 20 minutos, dependiendo de la patata. Una vez cocidas, las escurrimos y las aplastamos con un aplasta patatas. Reservamos.
  2. Mientras tanto preparamos el repollo. Quitamos todas las hojas exteriores que estén sucias, cortamos el repollo en cuatro cuartos, le quitamos el corazón y cortamos cada cuarto en tiras de un centímetro de grosor. Lo lavamos bien. 
  3. En una cazuela amplia, u olla a presión, ponemos agua con sal a cocer. Una vez que llegue a bullir, sumergimos el repollo y lo cocemos. En el caso de la olla a presión express, bastan veinticinco minutos. En el caso de una cazuela, sería el doble de tiempo. El repollo ha de quedar tierno. Escurrimos y aplastamos un poco para que elimine el exceso de agua de la cocción.
  4. En una cazuela ponemos una cucharada de mantequilla y sofreímos el puerro cortado transversalmente en tiras de unos dos milímetros de ancho. Cuando se haya ablandado, añadimos la patata, la leche - o nata -, una cucharada más de mantequilla y sazonamos con pimienta molida y nuez moscada. Y a continuación el repollo. Mezclamos todo el conjunto.
  5. Para servir, disponemos de la cantidad necesaria para cada comensal, hacemos un pequeño hueco en el centro y ponemos una nuez de mantequilla para que se derrita con el calor. Espolvoreamos con un poco de cebollino picado. 


Visto en Irish Central, con alguna variación.




paratha


La cocina hindú, o india, es una de las más apreciadas en mi cocina. ¡Nos encantan las especias! Más de una vez he dicho algo que puede sonar excéntrico, y es que me encanta el olor que el curry deja en casa siempre que trabajo con él en la cocina. Pero también es cierto que es un olor tan potente y penetrante que puede tener tantos seguidores como detractores. 

La propuesta de Bake the world para el mes de septiembre era tan tentadora, que no podía no hacerla, aunque la verdad es que el mundo panarra me gusta tanto, que teniendo tiempo, pocos ánimos hay que darme para ponerme con las manos en la masa. Además, el hacer el pan de este mes serviría como acompañamiento a una de esas recetas de corte hindú que tan bien recibidas son en casa. 

Se trata de la paratha, o paratta, o porotta. Son múltiples los términos con los que se hace referencia a un pan extremadamente sabroso del que lo que más destaca es su suave y hojaldrada textura, en forma de finas hojas que se pueden ir desfibrando con los mismos dedos. Se come solo, porque a lo tonto, a lo tonto, vas tirando del pan en forma de jirones y cuando te quieres dar cuenta, te has comido un pan tú solita. 

Existen muchos tipos de parathas: las hay sencillas, como la que os presento aquí, pues lo que me interesaba era comerla en su esencia; y las hay rellenas. Dentro de las sencillas, estas se pueden aromatizar con hierbas, semillas y especias. Y dentro de las rellenas podemos encontrar en su interior multitud de opciones: coliflor, patata, boniato, espinacas, cebolla, queso, entre muchos otros. En la India se suele tomar a la hora del desayuno, acompañando un lassi (bebida a base de yogur, también con frutas), un encurtido de mango, yogur, mantequilla, o incluso lentejas. El aspecto final de cada uno de los diferentes tipos de parathas es también diferente, pues por un lado las sencillas presentan la típica forma en espiral, mientras que las rellenas presentan la forma de un pan plano liso. 

Malasia es otro país en el que es costumbre tomar este tipo de pan, tal cual nos lo hizo saber Clara, una de las directoras de orquesta de Bake the world. Allí recibe otro nombre: roti canai, aunque entre sus ingredientes se encuentra el huevo, una de las diferencias con respecto a la paratha india. Su forma es unas veces cuadrada, si va relleno, y otras redonda, si es sencillo. 

Elaborar este pan es super sencillo, aunque requiere un poco de tiempo para trabajar la masa en forma de rosetones. Pero la técnica es tan fácil, que no cuesta nada.  Teniendo tiempo, me encantan este tipo de elaboraciones para sumergirme en la cocina y sentir cómo me relaja.

La masa no precisa de largos reposados. No. Ni mucho menos. Y es que entre sus ingredientes no está la levadura. Es además muy maleable, muy suave, por lo que no cuesta nada ni amasarla ni formarla. Vamos ... que todo son ventajas. Y por añadido, sienta genial a nuestro estómago ... si no te las comes todas de un golpe, claro. 

Una vez que te pongas con ellas, es importante retirarlas a una rejilla y no sobreponerlas, porque en ese caso perderían lo que más las caracteriza: su textura crujiente y quedarían chiclosas. Y es conveniente, y sobre todo, aconsejable, comerlas calentitas. ¡Mayor tentación aún! :D

¿Qué? ¿Como sientes el estómago? ¿Te está pidiendo a gritos una paratha? Pues vamos a por la receta ...

paratha


Ingredientes

  • 250 gr de harina de trigo de todo uso
  • 170 gr de agua
  • 1/2 cdta de sal común
  • 1/3 cdta de bicarbonato
  • 1 cdta de azúcar
  • 1 cda de aceite de oliva suave
  • Aceite de oliva suave a discreción
Elaboración
  1. En un recipiente mezclamos la harina, la sal, el bicarbonato y el azúcar. Hacemos un hueco en el medio para formar un volcán y vertemos 2/3 del agua y la cucharada de aceite. Con las manos, o una rasqueta de panadero, vamos mezclando los ingredientes poco a poco. Y lo mismo hacemos con el agua que nos quede en el vaso. Una vez mezclados todos los ingredientes, amasamos durante unos cinco minutos hasta que la masa quede suave y firme. Engrasamos el recipiente en el que guardaremos la masa para que repose durante media hora. Igualmente, engrasamos la superficie de la masa. Tapamos con film transparente en contacto directo con la masa para que no se reseque y reservamos.
  2. Preparamos un recipiente con aceite y un pincel de cocina para tener a mano.
  3. Cortamos la masa en cinco porciones de peso aproximado. Boleamos cada porción y las reservamos en un plato y tapadas con un paño. Engrasamos nuestra superficie de trabajo y extendemos la bola tanto como podamos. Lo ideal es que el grosor de la masa sea similar al de un folio de papel, sin prestar importancia a que la forma sea perfectamente redonda. Engrasamos la superficie de la masa, espolvoreamos una pizca de harina por encima y la plegamos en forma de tablillas de entre medio y un centímetro de ancho. Nos quedará toda la masa recogida en una tira. Cogemos uno de los extremos como punto fijo y enrollamos toda la masa alrededor de ese punto, formando una espiral. Para cerrar la masa, introducimos el extremo sobrante por debajo hacia el centro, haciendo una leve presión para que quede cerrado. Reservamos tapada en un plato. Y seguimos con las siguientes.
  4. Ponemos una sartén al fuego, engrasamos la base.
  5. De nuevo engrasamos la superficie de trabajo, cogemos uno de los rosetones y lo estiramos con el rodillo hasta alcanzar un grosor de medio centímetro. Cuando la sartén esté caliente, ponemos el pan. Cuando empiecen a salir burbujas en la superficie es el momento de darle la vuelta, pero antes, engrasaremos la cara del pan que quedaba a nuestra vista. Una vez que se haya dorado por esa otra cara, retiramos a una rejilla, sin amontonar los panes.
Notas y consejos
  • Lo más tradicional de este pan es elaborararlo con ghee en lugar de aceite. El ghee es simplemente mantequilla clarificada. He preferido emplear aceite porque es más saludable y menos calórica, a parte de ser más cómodo y rápido que clarificar la mantequilla.
  • Podéis hacer una paratha integral empleando mitad de harina integral de trigo, y la otra mitad de harina común. Esta fue la primera versión que hice, pero no fue del gusto de mis comensales. 
Vista aquí.



causa limeña de pollo y langostinos


No puedo negar que la suerte me ha sonreído, y ahora entenderéis por qué ;)

Hace unos meses que tengo preparada en la parrilla de salida la receta de la causa limeña. Y hace tan solo unas semanas recibí el correo de las chicas de Cooking the Chef, Aisha y Abril, proponiéndonos un nuevo cocinero para el mes de febrero: Gastón Acurio. Nada sabía yo de él. Complicada mi participación en el reto. Poco tiempo el mío para indagar. De unos meses para esta parte ando bastante desligada del mundo blogueril y de las redes por temas laborales, y para más inri, este año me veré de nuevo envuelta entre libros para enfrentarme a la dura rutina de la preparación de las oposiciones. Sí. De nuevo :(

Un rápido paseo indagador por la blogosfera para saber un poco más sobre la gastronomía de Gastón Acurio, y ... ¡zas!, me encuentro con que este cocinero, peruano de origen, es considerado como uno de los mejores críticos gastronómicos, y uno de los veinte mejores cocineros del mundo. ¡Con la boca abierta me quedé! Y además tiene por misión "peruanizar el mundo". Pues que se preparen los ciudadanos del mundo, porque sé, por experiencia, que la cocina andina es de quitarse el sombrero. No vamos a tratarla como "competencia", porque de lo que se trata es de aprender, de valorar lo que tenemos a nuestro alrededor, de sacar lo mejor de ella y por supuesto, de disfrutarla.

Una de las recetas con las que Gastón pretende "peruanizar" el mundo es con la causa limeña. La primera vez que leí sobre ella fue allá por el 2012, en el blog Tomates verdes fritos. No puedo negar que cuando leí el nombre me llamó tanto la atención que llegó a parecerme extraño para una receta.

Pero el sentido ocupa el lugar que debe con este nombre cuando una lee que durante la guerra que enfrentó a Bolivia y Perú con Chile en el segundo tercio del siglo XIX, para ayudar a los soldados que defendían la Causa peruana, las mujeres vendían en las calles limeñas un plato que elaboraban con patata machacada, ají, aceite, lima, sal y pimienta. Entonces salían a la calle y pregonaban: "¡Por la causa, por la causa!"

Otra corriente justifica el nombre diciendo que procede del término quechua "kausay", que significa vida, sustento, justamente lo que la patata, o papa para ellos: el principal sustento familiar del día a día. Solo en Perú hay alrededor de 3000 variedades de patata. Es un tubérculo puramente andino que se ha convertido en uno de los alimentos más importantes de todo el mundo, junto con el arroz y el maíz. Es un regalo de la Pacha mama (la madre tierra), y de hecho, tiene dedicado un Día Nacional: el 30 de mayo. Los peruanos elaboran recetas con papas y lo celebran con danzas folklóricas, concursos y mucha, mucha comida.

Hoy en día la causa limeña se ha enriquecido incorporando ingredientes más nutritivos y sabrosos, como son pollo, atún, marisco, pulpo o pescado.

Para elaborar la causa es imprescindible otro producto peruano: pasta de ají amarillo. En España podréis encontrarlo en tiendas de venta de productos sudamericanos.También os digo que es totalmente imprescindible. Sin el ají, esta receta no sería tan resultona como es. Le da el punto de picor que necesita para que sea un plato sabroso y rico que en casa nos ha gustado mucho.

Una receta que funciona como plato único. Es contundente, y ahora veréis por qué ...

causa limeña de pollo y langostinos


Ingredientes (Para 4p)


Para la salsa de cebolla y ají amarillo
  • 120 gr de cebolla roja
  • 1 cdta de pasta de ají amarillo
  • El zumo de una lima
  • Las hojas de cuatro ramas de cilantro fresco
Para la causa limeña
  • 700 ml de agua
  • 250 gr de pechuga de pollo
  • 400 gr de patatas
  • 3 huevos tamaño "L"
  • 16 langostinos crudos (4 de ellos para decorar)
  • 7 gr de pasta de ají amarillo
  • 75 gr de mayonesa
  • 1 aguacate
  • Aceite de oliva

Elaboración


Con thermomix 31
  1. Empezamos preparando la salsa de cebolla y ají amarillo. Pelamos la cebolla y la picamos en brunoise muy, muy fina. Le añadimos el zumo de la lima, la cucharadita de pasta de ají y las hojas de cilantro lavadas y picaditas. Mezclamos y reservamos.
  2. A continuación comenzamos con la causa, ponemos el agua en el vaso, y la pechuga de pollo cortada en cuatro trozos en el cestillo y dentro del vaso. En el recipiente Varoma, las patatas peladas y troceadas con los tres huevos, y en la bandeja Varoma los langostinos. Cerramos el vaso, colocamos el recipiente Varoma y su tapa, pero reservamos la bandeja Varoma con los langostinos. Programamos 30 minutos, Varoma, velocidad 2. Al cabo de ese tiempo, ponemos la bandeja Varoma en su posición y volvemos a programar 15 minutos, Varoma, velocidad 2. 
  3. Retiramos el Varoma, sacamos el cestillo y desechamos el agua. 
  4. Volcamos las patatas en el vaso, y junto a ellas la pasta de ají, sal y un chorretón de aceite de oliva. Trituramos durante 30 segundos, velocidad 4. Comprobamos que las patatas han quedado hechas puré, el sabor, y rectificamos de sal si fuera necesario. Retiramos el puré del vaso a un plato y lo reservamos.
  5. En el mismo vaso, y sin lavar, ponemos la pechuga de pollo, 1 huevo y medio cocido, 12 langostinos pelados, la salsa de cebolla y ají, la mayonesa y 1/2 cdta de sal. Troceamos durante 6 segundos, giro a la izquierda, velocidad 4. Retiramos a un plato y reservamos. 
  6. Pelamos el aguacate y cortamos la mitad en láminas muy finas. Reservamos.
  7. Picamos el huevo y medio restante muy finamente, o lo cortamos en láminas, como prefiramos. Reservamos.
Modo tradicional
  1. Empezamos preparando la salsa de cebolla y ají amarillo. Pelamos la cebolla y la picamos en brunoise muy, muy fina. Le añadimos el zumo de la lima, la cucharadita de pasta de ají y las hojas de cilantro lavadas y picaditas. Mezclamos y reservamos.
  2. Ponemos al fuego una cazuela con abundante agua para cocer las patatas peladas y cortadas en trozos y la pechuga cortada también en cuatro trozos. Salamos y llevamos a ebullición. Cocemos durante media hora. Entonces escurrimos las patatas y la pechuga y dejamos templar.
  3. Mientras tanto, en un cazo pequeño ponemos los huevos a cocer. Cuando el agua rompa a hervir, apagamos el fuego, tapamos el cazo y dejamos en reposo 20 minutos. Refrescamos los huevos y los pelamos. Reservamos.
  4. Aplastamos la patata hasta hacerla puré. Le añadimos la pasta de ají, sal y un chorretón de aceite, y mezclamos incluso con las mismas manos para deshacer posibles grumos que queden. Reservamos.
  5. Deshilachamos la pechuga de pollo en hebras cortas, le añadimos uno de los huevos muy picadito, 12 langostinos picaditos, la salsa de cebolla y ají y la mayonesa. Mezclamos bien, comprobamos el punto de sal y rectificamos si fuera necesario. Reservamos.
  6. Pelamos el aguacate y cortamos la mitad en láminas muy finas. Reservamos.
  7. Picamos el huevo y medio restante muy finamente, o lo cortamos en láminas, como prefiramos. Reservamos.
Emplatado
  1. Pincelamos un aro de emplatar con aceite por dentro y lo colocamos en la base del plato. 
  2. Ponemos una base como de un centímetro de altura de puré de patata. Sobre este unos dos centímetros de la mezcla de pollo y langostinos, sobre este extendemos un poco de huevo picado, el aguacate, y cerramos con otra capa de puré de patata. Proseguimos igual con los cuatro platos restantes.
  3. Decoramos con un langostino, una lámina de aguacate, una hoja de cilantro y un poco de huevo picado por encima, o como más nos guste.
Notas
  • Andad con cuidado con la pasta de ají, porque es muy, muy picante.

¿Y vosotros? ¿Podríais vivir sin patatas?


Receta adaptada de la revista Thermomix no. 57




mince pies

Buenos recuerdos los que me trae esta receta. Recuerdos de un día en el que pude ser testigo y disfrutar de la grabación de un vídeo que de forma muy, muy sencilla y clara nos explica cómo elaborar un roscón de Reyes. La protagonista, Carmen, quien gestiona el archiconocido blog Tía Alia Recetas. Así que, aunque un año después, aprovecho para compartir con vosotros su vídeo si es que os ronda por la cabeza la idea de elaborar un roscón de Reyes, que para eso estamos casi plantados en la Navidad :)

Estos pastelitos que hoy os traigo, conocidos como Mince Pies, son uno de los dulces más típicos durante las fiestas navideñas en las cercanas tierras británicas. ¿Y qué tienen que ver un roscón con estos pastelitos? Pues simplemente que fue aquel día cuando los probé por primera vez, y me encantaron. Además, tuve la suerte de recibir de manos de Carmen un tarro con la farsa que sirve de relleno, y que popularmente se conoce como mincemeat. La masa dulce que sirve de base es de Virginia, de Sweet & Sour, y que tiene publicada aquí. Una masa quebrada, crujiente, muy fina, y que se deshace sola en la boca. ¡Deliciosa! 

¡Pero delicioso todo el conjunto en sí! Fue probar el relleno y darme cuenta de que la impresión que yo tenía sobre el mincemeat y la semejanza que le encontraba con el chutney, no iba muy desencaminada. Muchos sabréis que los chutneys son un tipo de confitura en la que los sabores dulces y salados, se combinan con especias y se conservan en vinagre. Para elaborar el relleno de estos pastelitos se necesitan manzanas, uvas pasas, almendras, azúcar, brandy, manteca de vaca, especias, ralladura de cítricos, y naranjas y limones confitados. ¡No me digáis que no suena realmente aromático y delicioso! Pues lo es, creedme, que lo es. No os puedo ofrecer la receta de esta delicia, pero sí sé que los supermercados Lidl lo han comercializado llegadas las fechas navideñas, así que si os interesa, no olvidéis daros una vuelta para ver si este año también lo llevan a sus estanterías. 

mince pies

En el siglo XVII, este relleno llevaba también entre sus ingredientes carne, y más en concreto, cordero. De hecho, meat significa carne en castellano. Estos pastelitos eran salados pero tenían un ligero toque dulce. Una vez que los británicos alcanzaron tierras del Oriente Medio, incluyeron las especias entre los ingredientes. Y fue a partir de entonces cuando se introdujo mayor cantidad de azúcar.

Para que os hagáis una idea de la consideración que le tienen los británicos a este dulce, forma un trío de imprescindibles en las fechas navideñas junto con el Pudding de Navidad y el pavo asado. Además, hay una tradición según la cual se dice que quien se toma un mince pie cada día, desde el de Navidad hasta el de Reyes, tendrá felicidad a lo largo de los doce meses siguientes.

Pues yo no pienso renunciar a ella ;)

mince pies

  Ingredientes (Para 9 mince pies)
  • 150 gr de mincemeat
  • 175 gr de harina de trigo
  • 40 gr de mantequilla muy fría
  • 35 gr de manteca muy fría
  • Una pizca de sal
  • 70 gr de agua muy fría
  • Azúcar tipo "caster", de un grosor entre blanquilla y glas
Elaboración

Tradicional
  1. En un recipiente ponemos la harina, la mantequilla, la manteca y la sal y mezclamos con las manos. Se formará una masa con textura similar a unas migas. 
  2. Añadimos una parte del agua, no toda. Mezclamos. Si notamos que la masa queda seca, añadimos más agua y seguimos amasando.
  3. Formamos una bola, sin manipular la masa en exceso, la envolvemos en film transparente y la guardamos en la nevera, mejor una noche entera. 
  4. Al día siguiente estiramos la masa con un rodillo y entre dos láminas de papel vegetal hasta darle un grosor de 3 milímetros. Cortamos círculos con un cortapastas de 7 centímetros de diámetro y las colocamos en un molde para muffins de 5 centímetros de diámetro, y previamente enmantequillado. 
  5. Rellenamos la masa con el mincemeat, pero sin llegar hasta el tope, sino lo suficiente como para que cuando pongamos la estrella, esta quede al mismo nivel que los bordes de las tartaletas.
  6. De la misma masa cortamos estrellas de tamaño que se ajusten al diámetro de las tartaletas.
  7. Pincelamos con leche y horneamos entre 20 y 25 minutos, a 180ºC, a media altura con calor superior e inferior.
  8. Sacamos los pastelitos con cuidado, los colocamos en una rejilla y en templado espolvoreamos con azúcar "caster", o glas en su defecto.
Con thermomix 31
  1. Ponemos en el vaso la harina, la mantequilla, la manteca y la sal y mezclamos durante 6 segundos en velocidad 6.
  2. Añadimos una parte del agua, no toda. Mezclamos de nuevo durante 10 segundos en velocidad 6. Si notamos que queda seca, añadimos un poquito más de agua. 
  3. Formamos una bola, sin manipular la masa en exceso, la envolvemos en film transparente y la guardamos en la nevera, mejor una noche entera. 
  4. Al día siguiente estiramos la masa con un rodillo y entre dos láminas de papel vegetal hasta darle un grosor de 3 milímetros. Cortamos círculos con un cortapastas de 7 centímetros de diámetro y las colocamos en un molde para muffins de 5 centímetros de diámetro, y previamente enmantequillado. 
  5. Rellenamos la masa con el mincemeat, pero sin llegar hasta el tope, sino lo suficiente como para que cuando pongamos la estrella, esta quede al mismo nivel que los bordes de las tartaletas.
  6. De la misma masa cortamos estrellas de tamaño que se ajusten al diámetro de las tartaletas.
  7. Pincelamos con leche y horneamos entre 20 y 25 minutos, a 180ºC, a media altura con calor superior e inferior.
  8. Sacamos los pastelitos con cuidado, los colocamos en una rejilla y en templado espolvoreamos con azúcar "caster", o glas en su defecto.
Fuente de información, aquí


Y a colación de la Navidad y de las compras que realizamos para surtir nuestras mesas de productos ricos y variados, hago una reseña sobre la importancia que merece la compra de productos en los mercados. Yo soy una fan total de la compra de producto fresco en el mercado local porque creo que el producto es siempre mejor, más fresco y del día, con precios más competitivos, está cerca de casa y la atención personal de quien te atiende es más cercano y nada tiene que ver con el que recibes en las grandes superficies.

Desde el próximo día 10 hasta el 7 de enero, el Ministerio de Economía y Competitividad, junto con MERCASA, han puesto en marcha una campaña informativa que fomenta el consumo en los mercados de zona. Te invito a que visites sus páginas en twitter y Facebook para estar al día de las actividades que van a llevar a cabo en toda España.


pasta alla calabrese


Antes de asegurar que la receta que os presento es pasta alla calabrese, creo que debería decirlo marcando con voz alta un interrogante ... ¿pasta alla calabrese? Tengo mis dudas de que esta versión que os presento sea la auténtica, la genuina, la original receta de una pasta cualquiera al estilo calabrés.

Es un plato que un día pedimos en un restaurante italiano con una decoración muy a lo Versace y del cual hay una cosa que no me gusta: que nos sirvan aceitunas como aperitivo; muy socorrido, sí. Un producto muy mediterráneo, pero un tanto obsoleto teniendo en cuenta lo que ha evolucionado la cocina hoy en día. Pero sin embargo me gusta que si te sobra comida, te la guardan en un tupper y te la ponen en una bolsa muy mona que te puedes llevar a casa. 

Pero sin embargo me gusta la opción de ensaladas que tienen, su carta de risottos, y la variedad de tipos de pasta y de formas de cocinarla. Y bueno ... ¡para qué hablar de postres! ¿Qué os puede decir una golosa como yo? Si estaría dispuesta a que el primer plato fuera un postre, a que el segundo ... fuera un postre, y que para rematar hubiera un repostre del postre. Ja ja ja. 

Parece que me estoy yendo un poco fuera de la onda, ¿no? Pues como os decía ... que dudo que esta sea la auténtica receta alla calabrese, pero es que tampoco he sacado en claro cuál es la auténtica. Por mucho que he indagado por la red, me he encontrado múltiples opciones: con atún, sin atún, con aceitunas negras, con aceitunas verdes, sin aceitunas, con alcaparras, sin ellas, con tomate fresco, sin tomate ... Total, un lío. Así que sea o no la auténtica, lo que sí sé es que está riquísima y he querido compartirlo con vosotros. Partía de la idea de emplear cebolla balsámica, tomates secos, piñones, ajo, albahaca y queso pecorino. Ahora solo faltaba añadir las cantidades correspondientes y ... ¡voilá! 

Ingredientes (Para 4p)
  • 320 gr de pasta corta
  • 1 cebolla grande
  • 1 cda de mantequilla
  • 1 cda de vinagre de Módena
  • 1 diente de ajo grande
  • 100 gr de tomates secos en aceite escurridos de su aceite
  • Un puñado de piñones
  • Aceite de la conserva de los tomates
  • Queso parmesano rallado o en lascas
  • Albahaca fresca u orégano
  • Sal
Elaboración
  1. Pelamos la cebolla y la cortamos en plumas (juliana fina) y la confitamos en una sartén grande en una cucharada de mantequilla a fuego muy lento hasta que comience a dorarse. Esto llevará cerca de una hora. En ese momento añadimos una cucharada de vinagre de Módena, removemos y dejamos reducir. Sazonamos con sal al principio de la cocción para que la cebolla desprenda sus jugos y se cocine en ellos lentamente. Reservamos.
  2. Escurrimos los tomates de su aceite y los cortamos en juliana. Reservamos.
  3. Mientras se hace la cebolla cocemos la pasta. Ponemos agua a calentar en una olla y cuando rompa a hervir salamos el agua. Incorporamos la pasta y la cocemos durante el tiempo que indique el fabricante.
  4. En una sartén pequeña vamos a dorar los piñones. Tenemos que removerlos constantemente para evitar que se quemen. Retiramos y reservamos.
  5. En la misma sartén ponemos una cucharada del aceite de la conserva de los tomates, pelamos y laminamos un ajo, y lo doramos para que quede crujiente. Removemos constantemente para que se dore uniformemente. Hemos de evitar que se queme porque de lo contrario amargaría y nos estropearía el plato. Retiramos con su mismo aceite. 
  6. Añadimos los tomates a la sartén en la que confitamos la cebolla, removemos y calentamos. Incorporamos la pasta y removemos. Añadimos también los piñones, la albahaca (u orégano) y queso rallado.
  7. Para servir, distribuímos el ajo crujiente por encima y espolvoreamos de queso rallado o en lascas al gusto.

pastel azteca


La televisión nunca ha sido mi medio de entretenimiento favorito, y mucho menos desde que tengo un blog. Si he de ponerme delante de una pantalla para entretener el tiempo, prefiero que sea la del ordenador. Para mi, el televisor es un mueble más de la casa, y son otros los que la disfrutan más que yo. Pero de vez en cuando me siento delante de ella, para qué engañarnos.

Con estos antecedentes, imaginaos en qué estado de aburrimiento me encontraría yo que un día mi dedo pulsó en el mando el número de un canal de televisión en el que un tipo de aspecto nada agradable come, bueno, más bien diría yo que devora y engulle comida. Ver comer a una persona de manera descomunal para vencer un reto no me parece ni interesante ni agradable. Pero fíjate tú por donde que cuando describió el plato que se disponía a devorar me pareció de lo más interesante por los ingredientes: pastel azteca.  Lo que hice a continuación es algo que seguramente muchos de vosotros habéis hecho en repetidas ocasiones: buscar en la red cómo elaborar ese plato, ¿me equivoco?

Parece mentira que de aquel programa pudiera aprender algo (interprétese este comentario con un tono sarcástico), aunque más bien tendría que rectificar, pues fue de la red de la que aprendí cómo elaborar el plato típicamente mejicano que os traigo hoy. Esta es una versión de lo que ido viendo por aquí y por allá, y su resultado fue del absoluto agrado y aceptación de mis comensales. No fue necesario hacer la pregunta de rigor: ¿Os ha gustado? De forma unánime me dieron su visto bueno después del primer bocado. ¡Eso ... no tiene precio! :D

pastel azteca


El pastel azteca tiene el mismo formato que una lasaña, solo que se elabora con tortillas mejicanas, bien de trigo o de maíz. Y las capas se intercalan con pollo en salsa de tomate, crema de queso, queso rallado y pimiento. ¿Hay alguien a quien no le gusten estos ingredientes? Las tortillas se reblandecen y el conjunto queda de un sabor y una jugosidad maravillosas.

pastel azteca


Vamos a la receta:

Ingredientes (Para 4p)
  • 4 tortillas mejicanas de maíz (pueden ser de trigo)
  • 1 pechuga de pollo limpia de grasa
  • Un pimiento verde morrón (como los rojos que usamos para asar, pero verde)
  • El jugo del asado de la pechuga y del pimiento
  • Una lata pequeña de maíz en grano
  • 400 ml de salsa de tomate (de esta cantidad reservamos tres cucharadas para extender en la base del recipiente en el que irá el pastel)
  • 1 cebolleta mediana
  • 1 diente de ajo mediano
  • 1 chile fresco
  • 150 gr de queso Philadelphia
  • 7 cdas de leche
  • 1 brik pequeño de preparado vegetal (de venta en Mercadona) o de nata espesa
  • Queso Cheddar rallado (o de cualquier otra variedad)
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 200ºC. En una bandeja de horno ponemos el pimiento verde y la pechuga, los pincelamos con aceite de oliva y salamos. En el caso de la pechuga, la sazonamos con pimienta molida. Horneamos en torno a los 40 minutos, vigilando, y cuando se hayan cocinado por un lado, le damos la vuelta. Una vez cocinados, los sacamos del horno y dejamos enfriar. Pelamos el pimiento, lo hacemos tiras finas y cortamos estas por la mitad. Desmigamos el pollo en hebras finas y reservamos ambos.
  2. En un recipiente pequeño vamos a hacer la crema de queso. Ponemos el queso cremoso y la leche juntos y mezclamos con un tenedor hasta que quede una mezcla suave y homogénea. Reservamos.
  3. Ponemos unas gotas de aceite de oliva en una sartén y calentamos, solo calentamos, las tortillas mejicanas. Las retiramos a un plato y reservamos.
  4. Quitamos la capa exterior de la cebolleta y la picamos finamente. Hacemos lo mismo con el diente de ajo. En la sartén en la que calentamos las tortillas ponemos un pelín de aceite para pochar la cebolleta y el ajo, cuidando de no dejar que el ajo se queme (amarga) y removemos con frecuencia. Cuando la cebolleta se ha reblandecido añadimos la salsa de tomate y el chile picado muy finamente y desprovisto de sus semillas. También añadimos el jugo de haber asado el pimiento y la pechuga. Sazonamos al gusto y dejamos reducir a fuego medio durante unos quince minutos.
  5. Añadimos la pechuga, removemos. Apagamos el fuego y proseguimos con el montaje del plato.
  6. Precalentamos el horno a 200ºC en modo gratinador.
  7. Extendemos tres cucharadas de salsa de tomate en la base de un recipiente apto para horno. Ponemos encima una tortilla, sobre esta una tercera parte del pollo, un puñado de maíz en grano, otro puñado de queso rallado, unas tiras de pimiento verde y unas cucharadas de crema de queso que extenderemos con una espátula de silicona. Y seguimos los mismos pasos hasta terminar con el montaje del pastel.
  8. Vertemos el brik de nata sobre el pastel y espolvoreamos con queso rallado. Gratinamos hasta que la superficie se haya dorado.
  9. Como acompañamiento resulta ideal una ensalada verde, ¡y a disfrutar!


Receta original aquí


Summer pudding 

No es el calor precisamente lo que más me gusta del verano, no. Y es que cuando en Madrid hablamos de calor lo hacemos con un sofoco que nos recorre todo el cuerpo. Estamos deseando que llegue el verano, quizás por las vacaciones, quizás porque nos incita a salir más, quizás porque nos invita a dedicarnos a otras ocupaciones o aficiones. Pero lo cierto es que aunque los días son más largos que en el invierno, resulta que no se puede hacer vida en la calle (y qué mal suena esto, je je) hasta que no comienza a caer el sol. Al menos en Madrid eso es lo que pasa. Y no se es persona hasta que dejan de sufrirse esos calores con la caída del sol.

Summer pudding 

¿Y la fruta? ¿Existe una fruta más rica, colorida y variada que la del verano? Cuando llega el verano las fruterías se visten de fiesta con tanto color y sabor. Es un gustazo ver estanterías llenas de melocotones, albaricoques, ciruelas, frutos rojos, melón, sandía ... ¡Qué ricas todas! 

Hace unos meses, Kuki, editora del blog Cocina prêt-a-porter, nos invitó a un nutrido grupo de bloggers gastronómicos a unirnos a una de esas ideas suyas que aúnan a las personas en la cocina, ¡cómo no! En este caso se trataba de elaborar una receta dulce y/o salada con frutas de temporada.

Yo lo tenía un tanto complicado: el estudio devoraba mi tiempo libre y no sabía si me me permitiría desahogarme un poquito. Necesitaba una receta que no me exigiera mucho tiempo de elaboración. En un momento de asueto una idea visitó mi cabecita: el summer pudding, o pudín de verano, un postre de frutos rojos, todo un clásico de la cocina británica y con el que los oriundos dan la bienvenida al verano.

El summer pudding es un postre suave, meloso, en el que el sabor mezcla dulce y ácido de los frutos rojos se convierte en protagonista indiscutible. Si sois fans de este tipo de frutas, os encantará. Personalmente os tengo que decir que me encantan, aunque resultan un tanto caros para el bolsillo.

El summer pudding se elabora con pan de molde que se empapa de los jugos de haber cocido los frutos rojos durante muy poquito tiempo, y a fuego muy suave; lo justo para que desprendan sus jugos, y sin que lleguen a ablandarse en exceso. El acompañamiento perfecto: nata montada o helado, bien de nata o de vainilla. Yo, os lo sirvo con nata, que es lo que tenía en mi nevera en el momento de elaborarlo. ¿Vosotros con qué lo preferiríais?

Este postre ocupa algunas de las páginas del recopilatorio de recetas de más de 200 páginas que Kuki diseñó y que hoy puedo, ¡por fin!, compartir con vosotros. Pinchad en la imagen de debajo para descargarlo. Estoy segurísima de que os encantará porque todas las propuestas son más que estupendas. Y Kuki BORDÓ el trabajo.
RECETAS CON FRUTA



Y con esta receta me despido durante una temporadita hasta el mes de septiembre. Hogazanead, vaguead, tumbaos a la bartola, tocaos la barriga, y disfrutad mucho, mucho durante este mes de agosto, os lo permitan o no las vacaciones.

¡Feliz verano!


Summer pudding


Ingredientes
  • 150 gr de fresas
  • 150 gr de arándanos
  • 150 gr de moras
  • 100 gr de grosellas
  • 50 gr de azúcar blanquilla
  • 1 cdta de extracto de vainilla
  • 1 chorrito de zumo de limón
  • 6 rebanadas de pan de molde blanco cuadradas, sin corteza, o 3 rebanadas alargadas, de las de hacer enrollados
  • 200 ml de nata para montar (35% M.G.)
  • 1 cdta de azúcar glas
  • Menta (para decorar)
  • Mezcla de frutos rojos frescos para decorar
Además
  • Un recipiente redondo de 13 centímetros de diámetro de base y 20 centímetros de diámetro de boca
  • Film transparente
  • Un plato del mismo diámetro que la apertura del recipiente (20 centímetros)
  • Algo de peso: tarros de mermelada, latas, paquetes de pasta, etc
Elaboración
  1. Lavamos las frutas y las dejamos escurrir en un colador. Troceamos las fresas en un tamaño similar al del resto de las frutas.
  2. En un cazo amplio ponemos las frutas, el azúcar, el extracto de vainilla y el zumo de limón y llevamos a ebullición. Cocemos entre 4 y 5 minutos. Solo queremos que las frutas desprendan sus jugos, así que removeremos lo menos posible. Retiramos a un escurridor, separando las frutas de su jugo y reservando ambos.
  3. Forramos un recipiente redondo con dos láminas grandes de film transparente, poniendo una sobre la otra en forma de cruz y asegurándonos de que no quedan huecos.
  4. Con un pincel humedecemos las rebanadas de pan. Ponemos una de ellas (o la mitad de una alargada) en la base, y con el resto forramos las paredes del recipiente. No ha de quedar ni un solo hueco para evitar que los jugos escapen por ahí. Vertemos las frutas y repartimos bien. Añadimos unas cucharadas del jugo reservado. Como sobresaldrán bordes de pan, con cuidado de que no se rompan, los doblamos para tapar las frutas. Con otra rebanada (o la mitad de una alargada), tapamos el hueco central. Vertemos más cantidad de jugo, para que el pan quede bien empapado, pero reservando como un tercio de la cantidad de un vaso de agua. 
  5. Con el fin transparente cerramos el pudín y presionamos suavemente para ayudar a desprender los líquidos y que a su vez el pan los absorba. Ponemos encima un plato y sobre este algo de peso, como puede ser un tarro con mermelada, un paquete de arroz, etc.
  6. Reservamos en la nevera mínimo ocho horas.
  7. Para desmoldar, abrimos el film transparente, ponemos sobre lo que será la base del pudín un plato y le damos la vuelta. 
  8. Para acompañar, montamos la nata montada y la servimos con unas frutas rojas y unas hojitas de menta fresca. Espolvoreamos con azúcar glas.
Fuente: Scottish Heritage food and cooking, Carol Wilson and Christopher Trotter. Ed. Hermes House.


Pizza stromboli_1 

 Pizza. Cinco letras en una palabra y que muchos interpretan como comida rápida. ¿Y por qué? ¿Porque es un tipo de comida que te sirven casi instantáneamente desde el momento en el que la encargas? Puede que sea esa la idea. Pero quienes más o menos estamos metidos en el mundo de la cocina y hemos metido las manos en la masa para hacer pizza, sabemos que no es un tipo de comida tan rápida como quieren bautizarla. Al fin y al cabo es una base de pan que como tal, requiere cariño a la hora de mezclar los ingredientes y necesita reposo para que el gluten se desarrolle por el efecto de la levadura al entrar en contacto con una fuente de calor.

La pizza es sin duda un signo de identidad de la gastronomía y cultura italianas, y más en concreto de la ciudad de Nápoles. ¿Pero fue allí donde nació?

Pues según he podido averiguar, parece ser que no. El pan lavash, el pan pita, el naan son panes planos, y como ellos, la pizza, así que podríamos pensar que están emparentados. Y no andaríamos mal con nuestra intuición. No. Pero una pizza se elabora con ingredientes que repartimos en su superficie, mientras que cualquiera de los panes que he mencionado anteriormente, no.

¿Sabías que los soldados persas cocinaban un pan plano en sus propios escudos, y que les ponían queso y dátiles encima? Esto ocurría allá por el año 500 A.C., cuando ni tú ni yo estábamos en proyecto de ser parte de la Humanidad. El mismo poeta Virgilio, quinientos años más tarde, en su obra La Eneída, cita unos panes que servían de alimento a los más pobres. Los egipcios celebraban el cumpleaños del faraón homenajeándole con panes condimentados. Y los griegos tenían un pan que también condimentaban con hierbas y que cocían en hornos. Es muy probable que cuando los griegos fundaron Neopolis, actualmente Nápoles, se llevaran con ellos sus pitas, terminó que etimológicamente evolucionó, seguramente, a pizza. Y si no, prueba tú mismo a pronunciar las dos palabras para comprobar el efecto fonético tan parecido uno al otro. Ahora entiendes el orígen de la pizza que la inmensa humanidad ubica en Nápoles, ¿verdad?

Sea cierto o no todo lo que te cuento, que prometo no haberme inventado, sino que he elaborado a partir de fuentes de aquí y de allá, viene a colación de que el reto que Bake the world nos propuso para el mes de abril fue el de elaborar una pizza. Y aquí os traigo la mía: una pizza stromboli, que no es ni más ni menos que una masa de pan de pizza enrollada y con relleno en su interior.

El relleno es todo un clásico en mi casa. Es el que suelo hacer con más frecuencia porque es el que más gusta: un sofrito a base de carne picada, bacon, con cebolla confitada, y por supuesto: tomate y mozzarella. ¿Quieres saber cómo la hago?

Pizza stromboli_2


Ingredientes (Para 3 personas)

Para la masa
  • 300 gr de harina de panadero
  • 150 ml de agua
  • 35 ml de aceite de oliva
  • 15 gr de levadura de panadero
  • 1 cdta de sal
  • 1 cdta de azúcar
Para el relleno
  • 250 gr de carne picada de ternera
  • 1 cebolla
  • 3 lonchas de bacon
  • Queso mozzarella
  • Salsa de tomate
  • Una latita pequeña de champiñones laminados
  • Orégano
  • Aceite de oliva
  • Sal
Elaboración

Del relleno
  1. Pelamos la cebolla y la cortamos en juliana. Ponemos una cucharada de aceite en una sartén y pochamos la cebolla a fuego muy suave, removiendo de vez en cuando, y durante una media hora, hasta que la cebolla esté blandita. Retiramos y reservamos.
  2. En la misma sartén doramos la carne picada, deshaciéndola con una cuchara y sazonamos al gusto. Picamos las lonchas de bacon en trocitos y los añadimos a la carne. Podemos añadirle un par de cucharadas de tomate frito. Retiramos y reservamos.

De la masa
  1. En un vaso ponemos la levadura y un poco del agua a emplear y diluímos la levadura.
  2. En un cuenco amplio ponemos el resto del agua, el aceite, el agua con la levadura, la harina, la sal y el azúcar y mezclamos con una rasqueta. Una vez incorporados los ingredientes, sacamos la masa del cuenco y amasamos sobre una superficie hasta que la masa quede suave y uniforme, como el culito de un bebé :) Le damos forma de bola.
  3. Aceitamos un recipiente, ponemos la masa en su interior y tapamos con film transparente del que habremos aceitado la parte que irá en contacto con la masa. Tapamos el conjunto con un gorro de ducha o una bolsa de plástico y reservamos en un lugar alejado de corrientes, como por ejemplo el microondas. No conviene ponerla junto a una fuente de calor para evitar que el gluten se desarrolle demasiado antes de entrar en el horno.
  4. Dejamos reposar una hora. Transcurrido ese tiempo sacamos la masa a una superficie que enharinaremos ligeramente y dividimos la masa en tres porciones de peso similar. 
  5. Amasamos cada porción y le damos forma de bola. Aplastamos un poquito y estiramos con un rodillo hasta darle forma de un rectángulo de 15x22 centímetros, con un grosor aproximado de tres milímetros. 
  6. Para rellenar, untamos la superficie con salsa de tomate, al gusto. Ponemos una parte de la carne que cubra dos terceras partes de la masa. Por encima, la cebolla, un poquito de champiñón, y sobre este la cantidad de queso que nos guste. Aderezamos con orégano.
  7. Para enrollar las bases, vamos a hacer una especie de paquetito. Empezamos por los lados más cortos, doblándolos como un centímetro y asegurándonos de que guardan el relleno en su interior. Ahora proseguimos por los lados más largos. Enrollamos y formamos un cilindro. Retiramos a una fuente de horno protegida con papel vegetal y proseguimos de la misma manera con las otras dos porciones de masa.
  8. Precalentamos el horno a 225ºC. Mientras se calienta, espolvoreamos la superficie de trabajo con harina y embadurnamos los stromboli con ella haciéndolos girar. Espolvoreamos orégano por encima. Y de nuevo a la bandeja de horno.
  9. Una vez que el horno haya alcanzado la temperatura, introducimos los stromboli a baja altura, con calor superior e inferior, y bajamos la temperatura a 200ºC. Cocemos durante unos 20 minutos o hasta que comiencen a dorarse. ¡Y listos!




Pastéis com natas_1 

 Hoy, posiblemente, podríamos estar de vuelta de una escapada a Lisboa, donde nos hubiera gustado pasar unos días disfrutando de las vacaciones de Semana Santa, pero no pudo ser. Es lógico que justo cuando hay mayor demanda, sea de lo que sea, de un servicio o de un producto, el precio que se pide por ello sea mayor. Así que decidimos posponer esa escapada para otro momento, aunque esto de disponer de vacaciones cuando todo el mundo las tiene hace que no puedas evitar sufrir un aumento en el coste del viaje y también, de una mayor afluencia de turismo.

Hoy, posiblemente, ya podríamos haber disfrutado de uno de los dulces más representativos de la gastronomía portuguesa: los pastéis com natas, típicos del barrio de Belém, un barrio que mira al mar, y del que Vasco de Gama se despidió desde su barco al zarpar rumbo a América, a finales del siglo XV. En este barrio se encuentra el Monasterio de los Jerónimos y la torre de vigilancia, declarados Patrimonio Cultural por la UNESCO.

Siglos más tarde, y en concreto, a finales del siglo XIX, la revolución liberal que tuvo lugar por entonces cerró monasterios y conventos, expulsando a la comunidad que formaba parte de ellos. Se dice que alguien que fue miembro de aquel monasterio, como forma de supervivencia, creó un comercio en el que comenzó a elaborar unos pastelitos que atraían a los lugareños y a los visitantes que llegaban a Lisboa por el puerto de Belém. El éxito fue tal, que a partir de entonces, comenzó a producir los conocidos como Pastéis de Belém de forma masiva siguiendo una fórmula secreta y que dicen que hasta hoy se mantiene inalterable.

Me fio de quien me dio a conocer estos pastelitos cuando me dijo que el sabor de estos que os traigo hoy es exactamente el mismo que el de los Pastéis de Belém autóctonos de aquellas tierras. Por lo cual, ese secretismo que parece circular alrededor de esta leyenda, es más bien dudoso.

Mi fuente: Tía Alia Recetas. Por ella conocí esta delicia en uno de los desayunos con los que nos homenajeábamos tiempos atrás, cuando disponíamos de más tiempo. Ahora hemos pasado a homenajearnos en la sobremesa, con lo cual creo que hemos ganado, ¿o no, Carmen? ¡Cuántas ricas recetas nos descubrimos una a la otra, eh!

Os invito a deleitaros con esta delicia. Son super sencillos de elaborar, y rápidos a más no poder. Perfectos para acompañar el café de la sobremesa. Os aconsejo tomarlos templaditos, para disfrutar de la crema que los rellena en una textura que obviamente cambia si los tomamos en frío y espesa. Además, el sabor de la canela en templado dice mucho más en esa temperatura que en frío. Y si no, ¿qué os parece viéndolos con este mordisco?

Pastéis com natas_2 

  Ingredientes (Para 12 pastelitos)
  • 3 yemas de huevo
  • 200 ml de nata líquida
  • 1 cda rasa de harina
  • Ralladura de un limón
  • 75 gr de azúcar blanquilla
  • 1 lámina de hojaldre rectangular
Además
  • Una bandeja de muffins o similar
  • Un cortapastas de forma circular, el mío de 7 cm de diámetro
  • Azúcar glas
  • Canela en polvo
Elaboración
  1. En un cazo ponemos las yemas, la nata, la harina, la ralladura y el azúcar, y mezclamos.
  2. Ponemos el cazo al fuego y a fuego lento removemos hasta que la mezcla comience a espesar. Retiramos a un cuenco pequeño y dejamos enfriar.
  3. Extendemos la plancha de hojaldre y con un cortapastas de diámetro un poco más grande al de las cavidades de muffins de nuestra bandeja, sacamos doce círculos y los colocamos en la bandeja, asegurándonos de que los laterales quedan cubiertos.
  4. Rellenamos las cavidades con la crema que teníamos reservada, y procurando no llenarlos mucho para que no se desborde en el horno.
  5. Precalentamos el horno a 200ºC y horneamos entre 10 y 15 minutos o hasta que comienzan a dorarse, tal cual veis en las fotos. 
  6. Retiramos de la bandeja de muffins poco después de sacarla del horno. Se desprenden con facilidad, así que no es necesario engrasar la bandeja. 
  7. Aún en templado, y antes de consumir, espolvoreamos con azúcar glas y canela en polvo al gusto. 
Riquísimos es decir muy, pero que muy poco.

Aquí podréis averiguar más sobre estos pasteles e incluso hacer una visita virtual a la fábrica y que de ser posible, no me gustaría perderme llegado el momento de estar por aquellos parajes.



Bacalao espiritual_1 

 Estamos en Cuaresma, y según dictan los cánones de la Iglesia católica, desde el miércoles de ceniza hasta el viernes de Pascua, no se ha de comer carne. Tradicionalmente, ingredientes como las legumbres, la verdura y el pescado cobran protagonismo en estos días de ayuno, y muy especialmente el bacalao, que se puede cocinar de mil formas y maneras. Y de hecho, entre mi repertorio de recetas de pescado, sin duda alguna el bacalao ocupa muchos puestos, como podéis ver aquí.

Hoy os traigo una receta típicamente portuguesa: bacalao espiritual. Nunca he viajado a Portugal más allá de unos kilómetros pasada la frontera por la provincia de Zamora, pero sé, y seguramente vosotros también, que el bacalao es el rey de la gastronomía portuguesa. Se dice que los portugueses fueron de los primeros en introducir este pescado en su cocina. Y después llegaron los vascos y lo introdujeron en la suya, y por añadido, en nuestra gastronomía. Ellos, que viajaban a Terranova para cazar ballenas, se traían como botín lomos de bacalao abiertos y secados al frío clima de las tierras escandinavas. Y de hecho, el puerto de Bilbao se convirtió en el mayor punto de comercialización de bacalao en nuestro país. Así que no es de extrañar que el País Vasco cuente con un amplio repertorio de recetas con este pescado: bacalao al pil-pil, al ajoarriero - aunque se disputa su origen con Navarra -, en tortilla, a la vizcaína, con almejas, la kurrukutuna ...

Volviendo a la receta de hoy, bacalao espiritual, lo más curioso a primera vista es el nombre, ¿no os parece? Según he podido leer por la red, hay quien dice que su nombre se debe a que es la forma en que las monjas lo cocinaban para aprovechar los productos de sus huertos, aunque mucho dudo que el bacalao crezca entre lechugas, je je je. Lo que parece más fácil de creer es que fue una receta creada por una condesa que pensó en llevar lo más fino de la cocina al restaurante que se abrió en el Palacio de Queluz, residencia de la Familia Real portuguesa años atrás. E inspirándose en una receta francesa: la brandada de bacalao a la parmentièr, creó esta receta.

Os voy a contar algo que os parecerá una tontada: cuando vi esta receta en una de las revistas oficiales de Thermomix, el nombre me echaba para atrás porque no vamos a negar que no es nada inspirador. Posteriormente vi la receta en varios blogs, y un cambio de planes en este fin de semana hizo que tirara de unas migas de bacalao que tenía en la nevera para hacer finalmente la receta. ¿Sabéis de esas veces que os preguntáis que cómo puede ser que no hayáis hecho una receta antes? ¡Pues eso mismo me pregunto yo! En casa nos ha gustado taaantooo que no podido resistirme a la tentación de publicarla YA. Una receta exquisita, suave, y deliciosa que no os podéis perder.


Bacalao espiritual_2


Ingredientes (Para 4 personas)

  • 40 gr de aceite de oliva
  • 125 gr de cebolla pelada y cortada en cuartos
  • 125 gr de zanahoria pelada y cortada en trozos medianos
  • Un diente de ajo pelado
  • 350 gr de migas de bacalao en salazón
  • 35 gr de pan tierno
  • 35 gr de leche
  • 100-125 gr de patatas paja fritas de bolsa
  • Bechamel
    • 300 gr de leche
    • 35 gr de harina de trigo
    • 35 gr de mantequilla
    • Sal
    • Pimienta
    • Nuez moscada
    • Pan rallado
    • Mantequilla (para gratinar)
Elaboración

Método tradicional
  1. El día de antes ponemos en remojo las migas de bacalao. Las lavamos bajo el chorro de agua fría para quitarle la sal y las guardamos en un tupper cubiertas de agua. Cambiamos el agua por la noche y al día siguiente por la mañana. Antes de cocinarlas las escurrimos un tiempo antes para que escurran el máximo de agua posible.
  2. Cortamos la cebolla, la zanahoria y el diente de ajo muy fino y las pochamos a fuego suave en una sartén en el aceite de oliva, removiendo con frecuencia. 
  3. En un recipiente ponemos el pan desmigado y la leche, para que se empape de esta.
  4. En una sartén aparte cocinamos a fuego fuerte las migas durante unos tres o cuatro minutos. Retiramos del fuego y lo añadimos a las verduras ponchadas junto con el pan en leche. Mezclamos.
  5. En una fuente para horno vertemos esta mezcla y cubrimos con las patatas.
  6. Procedemos con la bechamel: ponemos la mantequilla a derretir en una sartén, añadimos la harina, removemos para que se tueste uniformemente durante un par de minutos y vertemos la leche fría. Seguimos removiendo sin parar y sazonamos al gusto con sal, pimienta y nuez moscada. Vertemos la bechamel sobre las patatas, espolvoreamos con pan rallado, disponemos unas nueces de mantequilla por encima y gratinamos en el horno hasta que se haya dorado la superficie.
Con Thermomix 31
  1. Ponemos en el vaso las verduras y picamos durante 10 segundos, velocidad 5.
  2. Añadimos el aceite. Ponemos las migas en el cestillo y lo colocamos en su posición. Programamos 15 minutos, varoma, velocidad cuchara.
  3. Ponemos el pan en la leche para que se empape.
  4. Transcurrido los 15 minutos, retiramos el cestillo e incorporamos el pan. Mezclamos 5 segundos en velocidad 3. 
  5. Añadimos las migas de bacalao y mezclamos con la espátula.
  6. Vertemos el bacalao en una fuente apta para horno, cubrimos con las patatas paja de bolsa.
  7. Para hacer la bechamel ponemos todos los ingredientes en el vaso y programamos 5 minutos, 90º, velocidad 3 y 1/2. Vertemos la bechamel sobre las patatas, espolvoreamos con pan rallado, distribuimos unas nueces de mantequilla por encima y gratinamos hasta que se haya dorado la superficie. 

Fuente: Receta adaptada de la revista oficial Thermomix número 51


Semlor_1 

1 de marzo. Sábado noche. Suena el móvil. Acaba de entrar un correo. Era de las chicas de Bake the world comunicándonos cuál iba a ser el reto para el mes de marzo, y un añadido: un sorteo entre los participantes con un premio como colofón. No sé qué me daba más alegría: si el reto en sí, o el regalo. Bueno, ellas saben que como asidua de sus retos, lo más gratificante es poder comprobar que una ha superado el reto de cada mes; como ese premio, ninguno. Pero seamos sinceros: un premio en sí, gusta, y más cuando se trata del libro Pan casero, de Ibán Yarza.

El reto de marzo: semlor, unos panes suecos dulces, similares a nuestras bambas de nata, rellenas también, pero no solo de nata, sino de una crema de mazapán, ¡y con lo que me gusta la almendra en repostería! ¡Y qué delicia!

Bajo mi punto de vista, encuadro estos bollos dentro de la categoría de bollería, más que pan en sí. Los semlor son unos bollos que tradicionalmente se toman no solo en Suecia, sino también en otros países del norte de Europa como Finlandia, Dinamarca, Noruega, Islandia, Estonia, Lituania, Letonia, y las islas Feroe. Es costumbre tomarlos justo el martes anterior a nuestro Miércoles de Ceniza, día en el que para nosotros culminan los Carnavales y comienza la Cuaresma y los consabidos cuarenta días de ayuno y penitencia que exige la religión cristiana. Ese martes, que para nosotros pasa sin pena ni gloria, es el que en países anglosajones se conoce como Fat Tuesday o Shrove Tuesday, y que por ejemplo en el Reino Unido celebran alegremente con el día del Pancake, o día de la tortita. Es un día en el que los feligreses hacen una mirada retrospectiva, examinando las malas acciones de las que arrepentirse, y las buenas que han de llevar a cabo en un futuro, aparte de homenajear al estómago con todas las delicias de las que no van a poder disfrutar durante esos cuarenta días, y muy especialmente leche, mantequilla y huevos, justo algunos de los ingredientes principales de esta receta.

Para hacer esta receta, visité varios enlaces, visualicé vídeos, pero prácticamente todos coincidían en los ingredientes y en la elaboración, así que me quedé con la receta, aunque con alguna pequeñísima variación, de Pam, que gestiona el blog Unodedos. Además, tenéis un vídeo precioso para el que poca falta hacen las palabras. No he querido ser nada innovadora en la receta, y os presento tal cual es la tradicional. Os puedo asegurar que es una absoluta delicia. Disfrutar de estos bollitos, con su nata montada, su pasta de almendra, el sabor y el aroma al cardamomo, y todo ello impregnado de leche calentita, lo hacen ideal para una merienda. Qué pena no poder invitados a uno para que comprobéis lo buenos que están :))

Semlor_collage

Ingredientes
  • 50 gr de mantequilla
  • 150 ml de leche entera
  • 50 gr de azúcar blanquilla
  • Una pizca de sal
  • Un huevo tamaño "L"
  • 1 cdta de cardamomo molido
  • 25 gr de levadura fresca
  • 380 gr de harina de panadero - podría ser de fuerza, pero yo no tenía
  • 1 huevo batido para barnizar
  • 100 gr de almendra molida
  • 100 gr de azúcar blanquilla
  • Una taza pequeña de café llena de leche
  • Una cda de agua
  • 200 ml de nata para montar, con un mínimo de 35% de materia grasa
  • Azúcar glas
  • 1 cdta de extracto de vainilla
Elaboración
  1. Ponemos un cazo al fuego con la mantequilla y la derretimos. Añadimos la leche y el azúcar y removemos hasta que el azúcar se haya disuelto. Por último añadimos el cardamomo molido. Retiramos del fuego y dejamos que pierda temperatura.
  2. En un cuenco desleímos la levadura con la yema de los dedos y le añadimos la mezcla anterior ya tibia. Removemos para terminar de deshacer la levadura. 
  3. En otro cuenco mezclamos la harina y la sal, y la incorporamos a la mezcla anterior. Mezclamos con una cuchara o una rasqueta de pan. Una vez incorporados los ingredientes, volcamos la masa a una superficie ligeramente enharinada. La masa quedará un pelín pegajosa, pero muy manejable. Y la amasamos según el método francés, y que podéis ver aquí. Boleamos  la masa hasta que quede firme y suave y la dejamos reposar durante una hora, tapada con film transparente, y en contacto con él, y todo el conjunto cubierto con una bolsa de plástico o un gorro de ducha; sí, un gorro de ducha, que se acopla perfectamente al recipiente, je je.
  4. Tras el reposo, sacamos la masa, y amasamos de nuevo. Cortamos nueve porciones de entre 70 y 75 gramos de peso. Las porciones han de cortarse de manera firme con un cuchillo y sin hacer jirones de la masa. Amasamos cada porción, dándole forma de bola y dejamos reposar en una fuente para horno protegida con papel de horno. Hacemos la misma operación con el resto de las porciones. Tapamos las bolitas con un paño y dejamos reposar entre 45 minutos y una hora.
  5. Precalentamos el horno a 200ºC con calor superior e inferior. Batimos un huevo y pincelamos con él la superficie de los bollitos. Los introducimos en el horno a altura media, y los cocemos entre 10 y 12 minutos o hasta que adquieran un tono ligeramente dorado. Sacamos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla.
  6. Una vez fríos, y con la ayuda de unas tijeras, les hacemos un corte en forma de triángulo en la parte superior y con la ayuda de un tenedor, sacamos la miga a un recipiente y la remojamos en un poquito de leche . 
  7. En otro recipiente ponemos la almendra molida, los 100 gramos de azúcar y la cucharada de agua. Y mezclamos. Añadimos la miga humedecida, mezclamos y con el conjunto rellenamos las cavidades de los bollitos. 
  8. Montamos la nata y cuando esté a medio montar, añadimos azúcar glas al gusto y el extracto de vainilla. Los cubrimos con la nata montada y terminamos con su tapa. Espolvoreamos con azúcar glas y justo antes de tomarlos, calentamos un poco de leche y lo ponemos en la base para que se empapen bien.
Semlor_hueco